Ahora le toca el turno a la reflexión....
El uso de las tecnologías a lo largo de la vida como docente ha estado marcado por algunas experiencias que permiten valorarlas como muy significativas tanto en lo profesional como en lo personal.
Digo esto porque, para quienes nos formamos en una escuela que centraba la enseñanza en el uso de pizarrón y tiza, lograr en estos tiempos incorporar herramientas tecnológicas tan potentes y de uso masivo, ha sido una experiencia muy movilizante y de gran impacto.
Tal vez puedo remontarme un poco más allá de 15 años atrás y pensar en los años ´80. Ahí comienzan a aparecer los primeros cursos de educación a distancia dictados por PROMEC y el CONICET, en el área de las Ciencias Naturales, y más específicamente en la Biología. Esto me resultó por demás importante, al poder acceder a instancias de capacitación y actualización en temáticas de gran impacto, todas ellas muy modernas en aquel entonces. Estos cursos utilizaban materiales bibliográficos y clases especialmente preparadas, que se apoyaban en diapositivas que se podían observar (con no pocas dificultades) pero que acaparaban la atención de los adolescentes. Se disponía de tutorías. Y la evaluación era autoadministrada, con grillas de evaluación. Todo se completaba con una instancia presencial que permitía acreditar el curso.
Con el paso de los años, el gran interrogante que se presentaba, al ir apareciendo las salas de informática en las escuelas secundarias, con la irrupción también en el hogar de estas máquinas, era y sigue siendo, cuál es el valor que adquieren en términos de aprendizaje para los estudiantes? Son suficientes para provocar aprendizajes duraderos, significativos?
Mi visión es absolutamente positiva y a favor de la inclusión de todas las tecnologías y de las herramientas que las mismas ofrecen en la educación. Tanto el uso del celular, como las redes sociales, son instrumentos muy potentes a la hora de darle significado a los contenidos que se reclaman hoy en la formación de niños/as, adolescentes, jóvenes y adultos.
Sin lugar a dudas, hoy configuran un recurso insustituible para la enseñanza. Y demandan de los docentes como en mi caso, de un proceso de alfabetización tecnológica para quienes no hemos tenido acceso en nuestra etapa inicial de formación. Pero también demandan un proceso permanente de formación en cuanto a la dimensión ética, para aquellos que si bien tienen un manejo muy ágil y natural de las TIC, aunque requieren una permanente adaptación, concientización y valoración del impacto social y cultural de las TIC en la educación. Es decir, que por algo estamos transitando este curso.
Me parece importante compartir este vídeo donde Nicholas Burbules (2009) nos presenta con una contundencia total, cómo el conocimiento hoy está presente en todos lados y no solamente en las aulas.
Video: http://youtu.be/GbWdQCMS4VM
