lunes, 28 de septiembre de 2020

La evaluación: ¿ al servicio de la selección o al servicio del aprendizaje? (Perrenoud)

 





PENSAR LA EVALUACIÓN….

Y ahora: ¿ QUÉ EVALUO?

 

En tantos años de trabajo docente, es imposible no hacer una reflexión acerca de las formas, los mitos, los rituales que se han ido construyendo y de los que hemos sido parte (y aún lo somos….) con respecto a la evaluación. ?La evaluación como proceso o como resultado?



 Entre ellos está la calificación y especialmente la calificación numérica. Adjudicar un número o porcentaje , una valoración a nuestras actividades de evaluación se convertían muchas veces en problemas serios, especialmente a la hora de entregar la evaluación a los verdaderos “dueños”, es decir a los estudiantes.


Algunos rituales....


Esa calificación numérica a secas, muy pocas veces refleja acabadamente lo que un estudiante ha aprendido en el curso, en la asignatura o en el trabajo práctico.

Por eso el uso de asistentes de evaluación como las rúbricas o las listas de cotejo, configuran herramientas muy importantes para aportar al proceso de aprendizaje y no solo configurar o ser parte de un ritual como es la entrega de la  nota, la publicación de la lista de los resultados de una evaluación en una pizarra, que no dice mucho acerca de cuánto aprendió un estudiante…



Sin lugar a dudas, la evaluación formativa proporciona evidencias y verdaderas retroalimentaciones tanto a quienes enseñan como a quienes aprenden.

Como indica  Philippe Perrenoud (1997) la evaluación desde hace mucho tiempo se encuentra atrapada entre dos lógicas:  ¿Una evaluación al servicio de la selección? O al servicio del aprendizaje? Dependerá de los propios docentes hacia donde dirigimos esta disyuntiva. Pero lo que cierto es que, hoy más que nunca, el tema de la evaluación y de la pregunta: ¿QUÉ EVALÚO? Dependerá mucho de hacia donde pensemos , siguiendo las preguntas de Perrenoud.

En este nuevo paso dado, la intención fundamental se ha centrado en la construcción de asistentes de evaluación como las RUBRICAS particularmente y en sus potencialidades a la hora de brindar indicadores claros para quién aprende. Seguramente ese proceso de construcción debe abonarse con mucha dedicación para evitar caer en el uso de dispositivos que signifiquen nuevos rituales para la realidad del aula y que solo fomenten la selección de los estudiantes...


 

miércoles, 23 de septiembre de 2020

 


¿CÓMO VA? CÓMO LO ESTÁ HACIENDO? QUÉ SIGUE DESPUES DE ESTO?

LAS PREGUNTAS EN TORNO A LA EVALUACIÓN

Al revisar este  nuevo recorrido por nuestro Curso sobre Evaluación y especialmente en tiempos de pandemia y en entornos virtuales de aprendizaje, aparecen y se multiplican los “pensares” y “sentires” al respecto y especialmente interrogantes.

Es necesario  instalar la pedagogía de la pregunta antes que la pedagogía de la respuesta. En primera instancia, me pregunto   ¿Cómo adaptamos la evaluación presencial a lo digital? ¿Es posible pasar del “territorio” de la presencialidad al “territorio” de lo digital sin revisar o cuestionar cuales son las prácticas de evaluación? ¿Cuáles son esas prácticas que más favorecen el aprendizaje y dentro de éste  la AUTOREGULACIÓN  a nuestros estudiantes?  Sabemos que no se trata de reemplazar simplemente el medio o el instrumento tecnológico, sino fundamentalmente de revisar nuestra concepción  sobre evaluación o dicho en forma sencilla:

¿Para qué evaluamos? ¿Por qué evaluamos?


 

 La RETROALIMENTACION, nos moviliza a pensar especialmente en nuestras experiencias previas, y también en las experiencias que tendremos que construir para los próximos años, en escenarios mediados con tecnologías y especialmente si contamos con cursos numerosos y muchos a la vez. Dicho esto, aclaro que mi preocupación más importante tiene que ver con desaprender algunos mecanismos y procedimientos que hemos internalizado con respecto a la evaluación  y que la virtualidad nos propone y en algunos casos, la pandemia nos impone.

Sin lugar a dudas el centro de esta reflexión es la RETROALIMENTACIÓN.  En  el caso de esta última semana particularmente,  nos ha puesto en la situación doble de ser estudiantes y esperar ansiosos  la retroalimentación del otro, y también en el rol  de  ser docente, nos ha desafiado a hacer una retroalimentación que motive a seguir aprendiendo y mejorar  lo aprendido, pero como dice Rebeca Anijovich, explicando claramente qué es lo que debe mejorar nuestro alumno cuando le damos una devolución de esta naturaleza.

Quizás, en esta doble perspectiva es donde se aprecia con mayor énfasis  el famoso lema “aprender a aprender” que tanto nos repetimos y nos repitieron cuando hace muchos años, nos/me tocó atravesar uno de los primeros cambios fuertes dentro de la educación.

Es indudable que uno de los más significativos logros  que he podido alcanzar en este tiempo es el de poner en duda tantas certezas que se van construyendo a lo largo de ejercer la docencia. Y una de las “certezas” que muchos docentes tienen/teníamos es que la evaluación era sinónimo de calificar y por carácter transitivo, aprobar o desaprobar la asignatura. Nuestra conciencia quedaba tranquila puesto habíamos dado un veredicto acerca de lo aprendido que se traducía en una nota o calificación (numérica o conceptual).

Sin embargo, al vivenciar la retroalimentación (como estudiante y como docente) aparece una instancia o momento de gran potencia tanto para el que enseña, porque nos hace conscientes de aquello que a nosotros nos pareció muy claro cuando lo presentábamos y vemos que no ha sido comprendido por nuestros alumnos. Y es muy potente también para el estudiante, en cuanto existe una verdadera devolución que se personaliza, que lo identifica con sus logros y con sus dificultades pero no lo abandona en una simple calificación, sino que lo acompaña en su proceso de aprendizaje.

Hace muchos años que leí una frase de Miguel Santos Guerra que me generó muchos interrogantes y hasta me resultó confusa en primer momento.  Esa frase que pertenece a uno de sus libros, es “Evaluar es comprender”… creo que sintetiza en buena medida la acción de retroalimentación que hacemos frente a cada estudiante.

A su vez, cuando analizo los ¿Por qué evaluamos? Es indudable que surgen numerosas funciones de la evaluación: diagnóstico, predicción, registro, devolución y orientación, selección, clasificación hasta llegar a la certificación, acreditación y promoción.  Es indudable que es un proceso en su naturaleza “complejo y controvertido” si nos atenemos a esa multiplicidad de funciones que se le asignan. Como así también, tal como expresa,  Anijovich, acerca de que se ha sobrevalorado la función de  control de la evaluación que se ejecuta en la aprobación, reprobación, y promoción, creo que  también tiene un efecto notable en cuanto pone en cuestión o interpela a todo el proceso educativo. 

En este video Rebeca Anijovich, pone el acento en la evaluación formativa y explica cómo en nuestro contexto de pandemia, estamos frente a la oportunidad de "instalar un modo de evaluar distinto"

Espero sea un motivo para continuar aprendiendo....

https://youtu.be/UMBwjzNW4Qw

 

lunes, 14 de septiembre de 2020

 Un paso más en el camino de aprender y pensar la educación con TIC:

LA EVALUACIÓN EN AMBIENTES DIGITALES

Capítulo 1

👀

    A lo largo de tantos años de trabajo en las aulas (bajo la modalidad presencial) hemos sentido y asistido a un hecho de gran relevancia como es la  evaluación. Al mirar el tráiler “Las facultades” (2019) muchas de esas experiencias las hemos pasado o vivido.  La gran mayoría de los/as docentes hemos experimentado “en carne” propia lo que ello significa. Porque antes que docentes fuimos alumnos/as!!!  



Y cuando digo “en carne propia” es literal, porque muchos/as recuerdan (recordamos) algunas  experiencias,  casi traumáticas por las que se ha transitado en la vida escolar. Hemos sentido los más variados “síntomas y signos”,  cual cruel enfermedad,  por decirlo de una manera más que actual, que no traeré en detalles pero que todos conocemos. La referencia resulta por demás elocuente en este tiempo de pandemia, verdad?

Pero una de las dimensiones que quizás menos hemos pensado y reflexionado tiene que ver con la dimensión ética de la evaluación.  Tal vez se ha escrito mucho sobre la dimensión técnica de la evaluación. Y esto nos ha llevado a profundizar y revisar  una y otra vez, por ejemplo,  el instrumento de evaluación tradicional que construimos año a año. Aquella prueba objetiva o los ítems de esa prueba, que hemos elaborado, el puntaje, etc.  Nos hemos cuestionado acerca de si es muy extenso ese instrumento para una hora  o dos horas cátedras que tienen disponible;  y casi al final, hemos pensado si el puntaje asignado es el correcto y representa claramente la ponderación de ese ítem.  Seguramente y en su momento, estas reflexiones o prácticas docentes han estado presentes en mayor o menor medida desde nuestra perspectiva como docentes.  Pero también es cierto que muchas de  éstas reflexiones como también  la idea de justicia, equidad,  relación tiempo-producción según las características de cada alumno/a, etc. aparecen claramente entre los estudiantes, y sus comentarios, aunque no siempre las expresen todos al  mismo tiempo y con la asertividad que esperamos.

Otra de las  dimensiones  que nos problematiza y precisamente en este tiempo de pandemia, mucho más,  es  la función de acreditación de saberes, y promoción, que daría para otra entrada al blog.

Todas las dimensiones son de gran importancia. Sin embargo,  a mi entender,  la  dimensión ética parece relegada o subsumida a pocas o casi inexistentes discusiones  entre los protagonistas del proceso evaluativo, ampliamente considerado.

La evaluación problematiza e interpela todo el proceso educativo. Pero como dice Edith Litwin "Pensar la educación es pensar en un acto creativo". Y en ese sentido nos invita a pensar la evaluación desde el sentido moral del acto de evaluar (Litwin 1998).



Retomo el video de Linda Castañeda porque me parece que pone el “dedo en la llaga” frente al sentido ético-moral de la evaluación

 


Entre todo lo expresado en el video  hay un tema que me moviliza profundamente que es el tema de la confianza como factor de vínculo entre docentes y estudiantes.  En la confianza dispensada, veo cómo nuestras matrices de aprendizaje y de evaluación nos han marcado de tal manera, que creemos  o hemos naturalizado que la presencialidad es sinónimo de evaluación autentica porque podemos “vigilar” o “controlar todo lo que sucede en el aula” y así “garantizar una evaluación confiable”??? O lo que suena más controversial, sobre la honestidad de un estudiante en el aula presencial.

La evaluación  frente a una pantalla o en forma remota,  es hoy sinónimo de desconfianza para muchos docentes y ni qué decir para muchos padres y también en la sociedad en general. Pero muy pocos reparan en cuál es el instrumento de evaluación que está puesto en juego en esa situación de aprendizaje remoto? ¿Realmente desafía a pensar o solo busca pone en acción la memoria y la reproducción de temas?

Se cuestiona la honestidad del estudiante… y aquellos que hemos sido estudiantes,  o hemos convivido con estudiantes, sabemos que ante una situación de evaluación muchas veces “todo vale” con tal de aprobar.. …

Muchas preguntas aparecen entonces: ¿hemos pensado realmente en el posicionamiento ético-moral sobre qué es evaluar? ¿Quién tiene el “poder” en la evaluación?¿ De quién se desconfía cuando se evalúa?  Y tantas otras preguntas que ponen el acento en esta dimensión de la que hablo.

En este primer recorrido sobre la Evaluación en ambientes digitales,  retomo y reviso numerosas preguntas más que respuestas pero también reafirmo con convicción que la educación es el verdadero camino para salir adelante!! El primer capítulo pone el énfasis en una consigna transparente...

Comparto el link y espero sus comentarios.... 

Actividad 1

 

 LA ÚLTIMA ETAPA.... a veces puede ser la que más cuesta...  LA EVALUACIÓN EN AMBIENTES DIGITALES y en el medio de una vida... En esta últim...