Comienzo por reflexionar en primera instancia sobre la importancia que adquiere para los docentes de esta época, introducirse en el fascinante mundo de las tecnologías. La frase no es original, pero es sumamente clara y ajustada, para quien transita este momento histórico, en lo personal y en lo colectivo.
Para quienes tenemos la preocupación permanente por mejorar los aprendizajes de nuestros/as estudiantes, el bucear e indagar acerca de la gran cantidad de herramientas que presenta Area Moreira, nos interpela pero fundamentalmente nos pone frente a un verdadero ecosistema, tan potente y variado como los ecosistemas naturales.

Y es aquí donde intento detenerme para aportar desde el campo de las Ciencias Naturales, tanto el valor conceptual del término como la importancia que adquiere la idea de ecosistema. Cuando dentro de las Ciencias Naturales,y específicamente de la Ecología utilizamos el término ecosistema, no solo hacemos referencia a una listado o enumeración de factores bióticos y abióticos, sino fundamentalmente a las interacciones e interrelaciones entre dichos componentes. De manera que la vida en su conjunto, es el resultado de esas interacciones e interrelaciones en permanente búsqueda de equilibrio.
Esta conceptualización, llevada a la noción de Area Moreira en su vídeo "Enfoques y tendencias en educación y TIC", nos enfrenta al desafío de poner en juego todas estas herramientas en el sentido de su potencialidad intrínseca y sumada al poder de las restantes herramientas. Es decir, la pregunta sería: ¿como interrelacionar y provocar la interacción entre tantas y tan variadas herramientas que generen aprendizajes en los estudiantes? Y no solamente acciones aisladas, inconexas, y muchas veces simple activismo.
Por otro lado, las posibilidades de la realidad virtual son excelentes ejemplos de herramientas que se presentan con enormes potencialidades pero que también generan incertidumbre y muchas inquietudes sobre los alcances y usos que se le otorgan.
En educación, nos hemos enfrentado sistemáticamente a estos desafíos e interrogantes. Si bien es cierto que muchas veces prevalecen los resultados negativos o se hace más referencia a los fracasos, también es cierto, que la experiencia nos demuestra que como educadores nos debemos la responsabilidad de acompañar los cambios y las transformaciones con inteligencia y fundamentalmente con la actitud permanente de aprender para poder enseñar.



