viernes, 23 de octubre de 2020

 LA ÚLTIMA ETAPA.... a veces puede ser la que más cuesta... 

LA EVALUACIÓN EN AMBIENTES DIGITALES y en el medio de una vida...



En esta última intervención de mi trayecto en el curso sobre evaluación con TIC, debo comenzar por contarles que ha sido un tiempo de mucha dificultad. Por un lado el trabajo propiamente dicho me exigía cumplir tiempos, presentaciones, etc. Por otro lado, mi habilidad /capacidad está en construcción y me lleva mucho tiempo explorar las aplicaciones, los videos tutoriales me insumen más tiempo del que debería. En fin, altamente desafiante, al punto que creía que no llegaría a terminar con la evaluación de este último módulo. Y ahí es donde uno también se pone en la piel de los estudiantes y comienza a experimentar todo lo que a veces, olvidamos....cuando estamos en el rol de docentes. 

Sin embargo, el hecho de encontrar al tutor (profesor) y equipo docente con la comprensión necesaria para atravesar el momento, fue decisiva para tomar impulso y terminar. Debo confesar que casi estaba al limite de abandonar, a pesar de que me había ido muy bien en los módulos desarrollados hasta este último.

Y en esto, me pareció que era muy valioso poner de relieve que muchas veces el Nivel Superior (entendido ampliamente, es decir tanto  la Universidad como los Institutos de Educación Superior), como institución, suelen/ solemos ser tan exigente que olvidan/mos que los estudiantes son/somos seres humanos, personas, con compromisos, trabajo, familia, y hoy con una pandemia encima... que hace que se vuelva difícil, complejo, casi inahibilitante avanzar en un trayecto formativo. Lo cual también en determinados casos, se  etiqueta como: "este/a alumno/a es indolente, vago/a... no tiene interés... a pesar que le he dado tantas oportunidades... " Y llega el castigo, el fracaso que se vuelve casi imposible de revertir, cuando el que se desaprueba es el mismo o la misma estudiante...

En mi caso, me ayudó mucho la confianza y el mensaje alentador de mi tutor que me instaba a continuar, a seguir, a finalizar este trayecto. Sus palabras eran de gran estímulo. Por lo que me decidí a continuar y aquí estoy. A lo mejor, podría haber sido mucho mejor mi rendimiento. Claro que no me deja conforme... pero me parece que es lo que pude.

Ahora bien, hecha esta primera reflexión, paso a analizar este último módulo que nos proponía sobre todo el tema de la gamificación, las insignias, el premio, la gratificación frente a lo realizado.

Desde mi punto de vista, creo que es ameno, y lo lúdico le otorga un valor particular al aprendizaje. 

Tal vez no tengo las herramientas o no alcancé a encontrar en Kahoot un instrumento que pudiera adaptarse a un espacio curricular con una carga teórica y reflexiva como la Didáctica o el curriculum mismo. De todos modos, me parece que debería indagar, probar, experimentar con más tiempo, y más distendida, sin obligaciones de presión de tiempo, para poder encontrar toda la potencialidad que tienen estas aplicaciones.

Lamentablemente, al ejercer en este momento en una Diplomatura que está comenzando, no pude aplicar el juego en Kahoot pero hice mi propia prueba y resulta ser muy atractivo. De todos modos sigo pensando que debe estar muy bien pensado y preparado de manera que resulte significativo y no simplemente un juego de azar... El código es: 8611226. Les debo las fotos.


Por otro lado, el cuestionario elaborado en Google Form me resultó práctico pero también me parece que requieren un grado muy alto de concentración y preparación de las consignas y de las respuestas. 

El aporte de Basabe y Amatea (2020) resulta de una claridad meridiana en relación a la elaboración de las preguntas o items de respuesta cerrada. Cuando estas autoras dicen:" Los ítems de respuesta cerrada son más adecuados para evaluar capacidades que se consideran de orden cognitivo inferior; es decir, dominio de datos, conceptos, principios teóricos, establecimiento de relaciones, y aplicaciones de reglas y procedimientos a situaciones conocidas." nos permiten interpretar de manera contundente y clara que la elaboración de los citados items permiten poner en juego capacidades básicas para el estudiante. Pero al docente le exigen poner en juego capacidades de orden superior si realmente intenta realizar una evaluación genuina.

Lo que resulta evidente, que las tecnologías ofrecen una variedad de recursos, herramientas, y posibilidades que se vuelven de una potencialidad importante. Se reafirma el principio que Valeria Odetti, cuando señala que "La elección de la herramienta tecnológica llega después de un proceso que tiene que ver con decisiones pedagógicas".

Y les comparto mi formulario en Google

En síntesis, el final se volvió complejo por mi propia realidad... la finalización del curso se alejaba y el fracaso se sentía muy cerca. Sin embargo, la función del docente se volvió central para continuar y llegar al final del curso. La importancia de la tecnología es central pero mucho más la tarea del docente.

lunes, 5 de octubre de 2020

La evaluación en nuestras manos

 



¿QUIÉN EVALUA?  Pero también ¿Cómo evalúo YO?

Y si empezamos por casa….

A lo largo de estas reflexiones, siempre concentradas en la experiencia como docente, pero sin olvidar la vivencia como estudiante, he tratado de expresar o volcar particularmente las “marcas” que ha dejado la evaluación. Vengo sosteniendo la dimensión ética de la evaluación y la importancia de posicionar la acción evaluativa en el marco de una acción pedagógica que permita la comprensión.  Por eso en primera instancia, la interrogación llega en primera persona, y  me vengo preguntando desde hace varios años, ¿Cómo evalúo yo?, si empezamos por ¿Quién evalúa?...



Este último interrogante, lo redirecciono primero hacia mi rol como docente. Entiendo que han sido muchos años de trabajo donde la intención era  que la evaluación fuera un momento más dentro del  proceso de aprendizaje. Tengo miles de anécdotas donde me quedaba sin voz tratando de explicar lo esperado en cada consigna. Llegaba a clase con el parcial o la prueba escrita corregida y quería que los estudiantes pudieran seguir  una corrección en voz alta… pero en realidad,  lo único que les interesaba a los estudiantes, era la nota. Si estaba entre el 7 y más, las caras eran de felicidad y sonreían, o charlaban con el/la compañera de al lado. Mientras que si era por debajo del 7, el enojo o la desilusión, bloqueaba cualquier intento de revisar los aprendizajes, volver a explicar aquello que parecía no había quedado tan claro, repasar los ejercicios o los trabajos prácticos. Pero todo quedaba en la nota… Por eso insisto una y otra vez, que la evaluación pone en crisis todo el proceso de aprendizaje y nos involucra tanto al docente como al estudiante en esa crisis. 

Es cierto que al hablar de evaluación formativa, las condiciones, objetivos y propuesta, cambia rotundamente puesto que en la experiencia vivenciada en muchas oportunidades, esta ha sido más bien un evaluación sumativa, que daba por terminado o cerrado un proceso.

Y en esto quedaba la evaluación, concentrada y centrada en el docente y su poder de dar el veredicto.



Ahora bien, el planteo de la multidimensionalidad de la evaluación resulta muy significativo puesto que saca del foco sólo la evaluación del aprendizaje y también donde solo parece que es evaluado el estudiante. Lo importante o relevante sería que como docentes hiciéramos consciente que también se  debería evaluar para el aprendizaje en la medida que las retroalimentaciones se formalicen y se hagan sistemáticas. Mientras que la evaluación como aprendizaje supone un proceso reflexivo que sería muy bueno comenzar a desarrollar desde las primeras etapas de la escolarización y también desde las primeras etapas de la formación docente.  Por último, pensar en la evaluación desde el aprendizaje. 

Dice Linda Castañeda: “diseñar las actividades de conocimiento implica diseñar las tareas de evaluación paralelamente."

 Entre los más significativos conceptos que trataré de resaltar en esta metacognición,  está el de autorregulación. Y lo asocio a aquella anécdota que relato en el comienzo.

Para provocar la autorregulación (Zimmerman. 1990; Mogollón. 2004)  desde la evaluación es necesario poner en juego las capacidades del docente y del estudiante en diálogo de forma  permanente.  Y fundamentalmente es un modo de favorecer la metacognición, como una estrategia de regulación de los aprendizajes. En esto valga el aprendizaje para el docente en su oficio de ser docente y para el estudiante en su rol propiamente dicho.

Ahora bien, para que los estudiantes puedan alcanzar niveles de autoevaluación de mayor autonomía,  validez y que provoquen la autorregulación del aprendizaje, se requiere indudablemente que se ofrezcan las oportunidades de ejercerlo y a su vez de poner en común las dificultades que el proceso  le puede traer  en lo individual y en lo grupal.

En este sentido creo que la experiencia con CoRubrics ha sido muy buena y de gran potencia para poner en funcionamiento la autoevaluación y la co-evaluación especialmente. Seguramente, como todo procedimiento que permite recabar datos, la expectativa que nos queda, es "el día después" cómo procesamos esos datos y como los devolvemos en forma que promuevan la autorregulación, el pensamiento reflexivo. 


Nos seguimos leyendo y aprendiendo en este camino de la evaluación 

 LA ÚLTIMA ETAPA.... a veces puede ser la que más cuesta...  LA EVALUACIÓN EN AMBIENTES DIGITALES y en el medio de una vida... En esta últim...