lunes, 5 de octubre de 2020

La evaluación en nuestras manos

 



¿QUIÉN EVALUA?  Pero también ¿Cómo evalúo YO?

Y si empezamos por casa….

A lo largo de estas reflexiones, siempre concentradas en la experiencia como docente, pero sin olvidar la vivencia como estudiante, he tratado de expresar o volcar particularmente las “marcas” que ha dejado la evaluación. Vengo sosteniendo la dimensión ética de la evaluación y la importancia de posicionar la acción evaluativa en el marco de una acción pedagógica que permita la comprensión.  Por eso en primera instancia, la interrogación llega en primera persona, y  me vengo preguntando desde hace varios años, ¿Cómo evalúo yo?, si empezamos por ¿Quién evalúa?...



Este último interrogante, lo redirecciono primero hacia mi rol como docente. Entiendo que han sido muchos años de trabajo donde la intención era  que la evaluación fuera un momento más dentro del  proceso de aprendizaje. Tengo miles de anécdotas donde me quedaba sin voz tratando de explicar lo esperado en cada consigna. Llegaba a clase con el parcial o la prueba escrita corregida y quería que los estudiantes pudieran seguir  una corrección en voz alta… pero en realidad,  lo único que les interesaba a los estudiantes, era la nota. Si estaba entre el 7 y más, las caras eran de felicidad y sonreían, o charlaban con el/la compañera de al lado. Mientras que si era por debajo del 7, el enojo o la desilusión, bloqueaba cualquier intento de revisar los aprendizajes, volver a explicar aquello que parecía no había quedado tan claro, repasar los ejercicios o los trabajos prácticos. Pero todo quedaba en la nota… Por eso insisto una y otra vez, que la evaluación pone en crisis todo el proceso de aprendizaje y nos involucra tanto al docente como al estudiante en esa crisis. 

Es cierto que al hablar de evaluación formativa, las condiciones, objetivos y propuesta, cambia rotundamente puesto que en la experiencia vivenciada en muchas oportunidades, esta ha sido más bien un evaluación sumativa, que daba por terminado o cerrado un proceso.

Y en esto quedaba la evaluación, concentrada y centrada en el docente y su poder de dar el veredicto.



Ahora bien, el planteo de la multidimensionalidad de la evaluación resulta muy significativo puesto que saca del foco sólo la evaluación del aprendizaje y también donde solo parece que es evaluado el estudiante. Lo importante o relevante sería que como docentes hiciéramos consciente que también se  debería evaluar para el aprendizaje en la medida que las retroalimentaciones se formalicen y se hagan sistemáticas. Mientras que la evaluación como aprendizaje supone un proceso reflexivo que sería muy bueno comenzar a desarrollar desde las primeras etapas de la escolarización y también desde las primeras etapas de la formación docente.  Por último, pensar en la evaluación desde el aprendizaje. 

Dice Linda Castañeda: “diseñar las actividades de conocimiento implica diseñar las tareas de evaluación paralelamente."

 Entre los más significativos conceptos que trataré de resaltar en esta metacognición,  está el de autorregulación. Y lo asocio a aquella anécdota que relato en el comienzo.

Para provocar la autorregulación (Zimmerman. 1990; Mogollón. 2004)  desde la evaluación es necesario poner en juego las capacidades del docente y del estudiante en diálogo de forma  permanente.  Y fundamentalmente es un modo de favorecer la metacognición, como una estrategia de regulación de los aprendizajes. En esto valga el aprendizaje para el docente en su oficio de ser docente y para el estudiante en su rol propiamente dicho.

Ahora bien, para que los estudiantes puedan alcanzar niveles de autoevaluación de mayor autonomía,  validez y que provoquen la autorregulación del aprendizaje, se requiere indudablemente que se ofrezcan las oportunidades de ejercerlo y a su vez de poner en común las dificultades que el proceso  le puede traer  en lo individual y en lo grupal.

En este sentido creo que la experiencia con CoRubrics ha sido muy buena y de gran potencia para poner en funcionamiento la autoevaluación y la co-evaluación especialmente. Seguramente, como todo procedimiento que permite recabar datos, la expectativa que nos queda, es "el día después" cómo procesamos esos datos y como los devolvemos en forma que promuevan la autorregulación, el pensamiento reflexivo. 


Nos seguimos leyendo y aprendiendo en este camino de la evaluación 

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