Planificación Inversa: ¿La historia vuelve a repetirse? a lo largo de los años de práctica docente...
¿ La historia vuelve a repetirse….? esta pregunta me recuerda a un tango..
Esta frase apareció en mi mente rápidamente cuando leía acerca de la Planificación inversa (Understandig by desing). Especialmente cuando encontré la nueva taxonomía de Bloom pero para la Era Digital (Churches, 2008). A la vez iba reparando en las experiencias que he tenido a lo largo de mi trabajo docente…. Pero ahora con más años y algo más de formación…
Les decía, me encontré recordando aquellas primeras planificaciones por objetivos (siguiendo la Taxonomía de Bloom) cuando empecé mi tarea como profesora de nivel secundario dando Biología…. Y también recordando la frustración de que la planificación había quedad hermosa en un papel, pero mis alumnos/as habían aprendido poco o nada.
De manera que recurriendo a mi pregunta del encabezado….hoy me pregunto: ¿estaremos repitiendo aquella historia de preocupación por hacer que la planificación sea lo más ajustada a los requisitos tecnocráticos o nos estamos planteando realmente un tema de fondo, para el trabajo docente como es la planificación?
Y entonces recurrí a un texto de Inés Dussel (2011) en su presentación dentro del VII Foro Latinoamericano de Educación, llamado “Aprender y enseñar en la cultura digital”, que ella denomina “¿Vino viejo en odres nuevos? Debates sobre los cambios en las formas de enseñar y aprender con nuevas tecnologías”, que suelo leer frecuentemente y que me ayuda a pensar en estos cambios que se dan en educación y que nos atraviesan especialmente, particularmente a los docentes. Sobre todo a los docentes que tenemos preocupación constante porque nuestros estudiantes aprendan. Dussel explica en este artículo cómo estarían operando estos cambios en la era digital dentro de la educación y plantea dos posiciones. La primera, sería que para algunos educadores “los medios digitales proporcionan más y mejores recursos para la enseñanza y permiten un mayor control de la acción de los alumnos sobre todo si están en línea y con programas que permiten hacer un seguimiento pormenorizado. Para ellos se trata de hacer algo similar a las operaciones que se hacen con los libros, cuadernos y carpetas.(Dussel – p. 15). Es decir, el cambio consiste en una mejora de lo que se venía haciendo, y no en una transformación profunda en el hacer docente. Para otros docentes, en este mismo artículo, se indica que “…estamos ante una innovación de gran envergadura en formas de producir y circular los conocimientos. Para este segundo grupo no es un cambio de formas ni de grados; es, antes que nada, una reestructuración de lo que entendemos por conocimiento, de las fuentes y los criterios de verdad y de los sujetos autorizados y reconocidos como productores de conocimiento. “ (Dussel- p.16)
Si bien es cierto que existen partidarios de ambas posiciones, también es cierto que hoy, la mayoría tiende a inclinarse por la segunda postura. Y es aquí donde quiero hacer hincapié. Me permito una licencia que viene dada justamente por el tiempo transcurrido en contacto con el aula. Es muy importante que los docentes seamos conscientes que más que una tarea tecnocrática y rutinaria como a veces concebimos a la planificación, ésta se configura en una herramienta clave para que lo que sucede en el aula (virtual o presencial), sea realmente aprendizaje. Además de poner el acento en los verbos, nos deberíamos proponer abocarnos a pensar los resultados del aprendizaje que queremos lograr o mejor dicho, que deberían lograr nuestros estudiantes. Y en esto la Planificación invertida nos ayuda de manera relevante.
Aquí es donde el saber docente, la profesión docente, no puede desconocerse, relativizando su importancia. Es cierto que, en las palabras de muchos docentes, “yo sé lo tengo que dar”, es decir, somos expertos en el contenido de nuestras disciplinas. Pero también es necesario e importante e imprescindible hacer consciente, explícito, qué resultados de esa intervención docente intentamos lograr. La profesión docente nos exige además de saber, saber hacer, y el ser que nos hace tal vez un profesión vital para la creación de bienes culturales, para la revolución tecnológica, la revolución productiva, para la producción científica, puesto que somos aquellos que formamos a los protagonistas de todos estos cambios.
Agrego una cita de Eduardo Levi Yeyati en su último libro: “Después del trabajo. El empleo argentino en la cuarta revolución industrial” (2018) cuando explica que entre las profesiones que no podrán desaparecer, está la del docente, dado que:
“la docencia, es uno de los trabajos del futuro. No solo porque la educación será central en la carrera entre la tecnología y el empleo, sino porque es una ocupación menos proclive a la digitalización de lo que se prevé….. …¿Cómo definir, codificar y programar las habilidades blandas –aquellas que requieren de un alto nivel de inteligencia emocional- necesarias para ganar la atención de un niño o de un joven, para seducirlo en la búsqueda de conocimiento, para reaccionar, a veces instintivamente, cuando un estudiante se traba o se frustra o se distrae con problemas cotidianos? Sin la empatía que se traduce en cada acto educativo de los docentes, no habrá aprendizaje…. (Levi Yeyati – Pág. 58)
En síntesis, apuesto y deseo fervientemente que en esta nueva revolución digital que nos atraviesa como sociedad y en la cual los docentes estamos llamados a ser protagonistas, podamos reinventarnos y resignificar nuestra profesión docente.
Les dejo en la versión musical de Lito Nebbia, el tango “Por la Vuelta” (Cadícamo - Tinelli), que en realidad se hizo famoso, por ese verso muy reconocido…”la historia vuelve a repetirse…” Los invito a escucharlo en la voz de Lito y presentado por el mismo Cadícamo.




